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La Insistencia

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¿Ser obsecuente u obsesiv@?

Mientras la vigilia persevera en mantenerme erecta, esa presencia a mi lado de una pesadumbre de cobardía amenaza con eliminarme de un sincope. Me detengo en el blanco estupor de la falta de conciencia y me doy cuenta de que la única palabra posible es la Insistencia.
La Insistencia de continuar presente pese a todo, la inmanencia de entregar mis curvas al vacio, la incomodidad placentera de perforar la calma ajena, la utopía de jugarme por un beso.

¿Vale la pena remitirse al olvido? De tanto en tanto, de vez en vez, recuerdo la voracidad de los cuervos que me rodean y entonces se que no puedo abandonar la Insistencia, pues seria como olvidar que una sangre neuróticamente romántica vela mi deseo.
Entonces me detengo ¿Cómo son las Insistencias ajenas? Uno siempre cree en la inconmensurabilidad de los placeres que duelen, pero puede llevarse a cabo, de todos modos, una esquemática comparación. Tal vez unos Insistan ofuscados detrás de una bandera roja, tal vez otros padezcan el desasosiego del no Insistir por casi nada. En una de esas, alguien cree no Insistir mientras persuade para provocar la Insistencia ajena. En todo caso, no sabré decir cuánto de eso es voluntad propia o interés impuesto. Lo que sí se es que detrás de toda Insistencia se encuentra la sensación de una falta importante, crucial, ausente. La Insistencia se presenta en pos de degustar el sabor del edén, por ponerle un nombre inspirador, para llenar un hueco agobiante.
Sólo pido una cosa, no le cuentes a tu amo que me he convertido en una esclava maniatada, pues él entiende bien de relaciones de dominación y terminara de quitarme los últimos harapos que cubren mi lunar. Pues el fondo de la cuestión reside en mi necesidad de obnibularme con tu ausencia, pidiendo a gritos que me Insistas. Todo concluye en un reproche constante, por no entender cómo funcionan mis baluartes perversos.
Me encuentro ante un dilema irresoluble… ¿verdaderamente preferiría una diurna presencia tajante que la ultranza de una ausencia nocturna? La presencia es una libertad política negativa, permitiéndole a uno desenvolverse sólo hasta encontrar el impedimento externo. En cambio la ausencia, que va unida de mi Insistencia, bien pegaditas, espalda con espalda, es el símbolo de la atracción por lo nunca jamás conocido.
Entonces, la presencia es certeza, seguridad, impone límites a la vez que contextualiza, posibilitando el actuar de acuerdo al entorno. La ausencia, por el contrario, es seducción a ciegas, puede ser tanto un naufragio casi celestial, que conduzca al paraíso, como adentrarse en un diluvio infernal.
Al fin y al cabo, ausencia y presencia son dos caras de la misma moneda: el juego reciproco, la búsqueda mutua, el encontrarse, descubrirse, por ahí agendarse y otra vez borrarse, apretarse y abandonarse, refugiarse en el pecho ajeno y hospedar las contradicciones del otro. Quedara así, en manos del destino, ese destino que es el escondite de los imparciales, todo cuanto tenga por hacer. Mientras tanto, seguiré actuando con mi puesta en escena, parafraseando a lo lúdico que hay en mi, con Insistencias que tal vez sean efímeras, tal vez duren lo que dura un mate. Para tener en cuenta: solía tener un mate, plástico, violeta y muy original, que –según decían- duraba toda la vida.
MPR_abril 2008

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Cada aliento que tomes cada movimiento que hagas cada lazo que rompas cada paso que des te estaré mirando

cada uno de los días cada palabra que digas cada juego que juegues
cada noche que digas te estaré mirando

oh, no puedes ver que me perteneces como me duele mi pobre corazón
con cada paso que das cada movimiento que hagas cada promesa que rompas cada sonrisa que finjas cada reclamo que hagas te estaré mirando

desde que te has ido, he estado perdido sin rumbo
cuando sueño por la noche, tan sólo veo tu cara
miro alrededor, pero eres tú lo que no puedo reemplazar
siento frío, y hecho de menos tus abrazos
sigo llorando cariño, cariño por favor

oh, no puedes ver que me perteneces como me duele mi pobre corazón
con cada paso que das cada movimiento que hagas cada promesa que rompas cada sonrisa que finjas cada reclamo que hagas te estaré mirando cada movimiento que hagas cada paso que des te estaré mirando

"...Ellos no nos comprenden, nunca sospecharán que nos basta con estar solos, sentados en uno al lado del otro, sin hablar, para estar contentos..." Ana Frank


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