PROCLAMA ANTI-POMELITOS

Ácido Argentino
Nos engañaron, nos traicionaron, nos acostaron y nos la mandaron a guardar. Hicieron todo lo contrario de lo que nos habían prometido. Otra vez. Como siempre. La casa está en orden. Saludos al salariazo. Nadie más antidemocrático que ellos: convierten la democracia en una farsa, la vacían de su contenido con cada nueva mentira. “¿Alguien quiere seguir con esto?”, preguntaba la Alianza en su spot de campaña electoral, a propósito del menenismo y sus consecuencias. Bueno: el cerebro de “esto” -o sea, aquello-, Domingo Cavallo, es ahora el cerebro de “esto” -o sea, esto- o sea, el gobierno que la mitad de los argentinos votó porque no quería seguir con “esto” -o sea, aquello-. ¿Dónde está o dónde debe estar el rock en estos tiempos? ¿Qué debe hacer un artista en días de facultades tomadas, huelgas generales y cortes de ruta?.
Alquilá la película Woodstock: vas a ver a un tipo de melena y bigotes que se llama Country Joe diciendo: “Cantemos todos que paramos la guerra de Vietnam”. Nadie recuerda hoy a Country Joe. Es probable que sus canciones no merezcan estar en la memoria de nadie. Su gesto, en cambio, quedó en la memoria de una generación.
No se trata de proponer aquí un nuevo realismo socialista, el regreso de la canción de protesta o algo por el estilo. Tampoco de exigir canciones de rock escritas con el diario en la mano, o una invasión atroz de Ignacios Copanis. Lo mejor, más bien lo único legítimo que puede hacer un artista a la hora de crear, es obedecer a los dictados de su alma. Durante una nota con los músicos de Adicta, Fabio dijo que al él no le interesan las canciones que hablan de política. Es válido, como también es válido vibrar cuando el Pelado Cordera anuncia que se viene el estallido, cuando el Indio Solari canta que “si esta cárcel sigue así, todo preso es político”, cuando Los Piojos se quejan de “las pistolas que se disparan solas”...
Hubo un tiempo que fue hermoso en el que creíamos en el significado contracultural del rock, en el rock como forma de resistencia. Talvez seamos demasiado ingenuos si a esta altura de la soireé seguimos creyendo en eso, pero de cuando en cuando está bueno que los músicos demuestren que la gente les importa.
En 1982, el rock argentino dejó de pertenecer sólo a un gueto juvenil y saltó a la consideración definitiva de la sociedad por causa de un hecho desgraciado. Durante la guerra de Malvinas, la dictadura prohibió la difusión de música en inglés, y las radios se llenaron de un montón de canciones -hermosas, regulares y malas- que hasta entonces eran un secreto a voces. Por aquellos días, alguna eminencia gris de la dictadura concibió la realización de un festival de rock en agradecimiento a la solidaridad latinoamericana para con la Argentina en guerra. Tuvimos, entonces, rock por cadena nacional. Hay quienes dicen que los músicos de entonces no debieron haber tocado en un show organizado por la dictadura: hasta hoy, el hecho es uno de los más controvertidos de la historia del rock argentino. Sin embargo, la operación propagandística de los militares no tuvo el resultado esperado por ellos: los músicos cerraron aquel concierto pidiendo el fin de la guerra con la canción “Algo de paz”, de Raúl Porchetto.
En estos días sobran las razones para quejarse de algo. En estos insensibles días la universidad pública corrió el riesgo de desaparecer: los estudiantes tomaron las Facultades y el gobierno salió a decir qué pasa che, era un chiste, no se banca una joda... Eso sí, luego llamaron al mismo tipo que nos sumergió en la recesión para que nos saque de ella... ¿Te acordás de la Carpa Blanca? Hubo pocos momentos tan emotivos en los 90 como la visita de Luis Alberto Spinetta a los ayunantes y su concierto para ellos. El año pasado, entre otros gestos solidarios, Manu Chao actuó en la ignauguración de la sede de H.I.J.O.S. De eso se trata: de estar. En estos días Ricardo Mollo, Ciro Pertusi, Miguel Botafogo, Palo Pandolfo -también el contradictorio Ricardo Iorio-, entre otros, participaron de un CD que presenta poemas escritos por detenidos-desaparecidos, musicalizados por el grupo La Pandilla del Punto Muerto. De eso se trata: de estar. Más allá de los rankings, de los videoclips, de las tendencias, de los peinados, de los mainstream y de los alternativos, del rock y del pop, está bueno cuando a los músicos les importan las demandas de la sociedad en la que viven. Está bueno cuando hacen un alto en su agenda de conciertos y entrevistas, para acompañar a los que resisten. Porque si no, ¿para quién cantan, entonces?
Daniel Riera – Abril 2001
Rolling Stone 37


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lamentablemente despues 7 años q aparecio esta nota en la rolling, el pelado cordera vive en una casa en la paloma uruguay y tira la comida de los camarines al techo despues de llenarse la boca hablando de los inundados de santa fe, el indio vive en una estancia de gran buenos aires y le corre la cara a enrique symms y andres ciro solo toma agua villavicencio. el unico q conserva algo de dignidad es iorio q cada vez q viene a rosario pide a gritos q dejen de pintar bicicletas y le den de comer a los pibes como hacia pocho. logicamente el unico q no llena estadios es este ultimo, por q sera?? como alguna vez lei por ahi, los artistas son amorales y solo deben ser juzgados por sus obras. no confundamos compromiso con publicidad.