Rutinariamente Original
Yo quiero vivir acá

De vez en cuando uno se deja llevar por el sabor de lo Inaudito.
El torrente mansedumbrero nos aplasta a ras de la tierra, y juramos por los Santos Montotos no volver a sentir semejante profundidad. Clavamos las garras en todo nuestro entorno, con el fin de escapar de ese permanente: una vez más. La imagen es la de una subida por una escalada constante, tratando de huir del abismo cierto, escapando de la parte de la sien que tiende a lo Igual. El leiv-motiv constituye siempre una efímera excusa: puede ser desde un mármol o una brisa hasta la mirada ajena, y es determinante siempre y cuando sea penetrante.
El Indefinido se nos presenta decidido a penetrarnos, no obstante no porta consigo una utópica pulcritud. Seria orgásmico si así fuese. Por el contrario, así como nos atrae la blancura y la ingenuidad de los elementos no manoseados por las propias vivencias, así también nos seduce su pizca de amargura, por lo cual nos herimos a nosotros mismos tan sólo como dañaríamos a nuestro peor enemigo. En esto consiste esa tendencia hacia el delirio que encierra todo esbozo de marasmo. Construimos el camino al placer a partir de senderos contradictoriamente dolorosos.
He aquí la razón por la que me acerco a ese hombre. Sus silencios dicen tanto que no se cómo acaparar semejante discurso con mi débil estructura. Medito, calculo, razono y finalmente al decidirme actuar, titubeo, tratando de imitar lo que imagino que él trata de ser. Es como si de repente, todas mis maquiavélicas percepciones de la realidad, que por momentos podrían parecer las de una experimentada y baqueteada anciana se convierten en mediocres levitaciones neófitas. El túnel perfecto se transforma en una miscelánea inentendible y así, cierta elevación percibo, sino como realidad, si al menos como posible. Y me encuentro así, sin nada que decir, teniendo miles de rebusques para pensar.
Me niego a creer que sigo a ras de la tierra, prefiero imaginar que tal vez mañana pueda ascender al menos unos centímetros del suelo. En todo caso, el nivel del mar, el hecho de encontrarse por arriba o por debajo del mismo, es absolutamente relativo, pues depende de la intensidad que uno suponga que tiene el mar.
Es mas, ¿no podría pensarse que la misma oceanidad es una ficción inventada por nuestra necesidad de escapar de la mundana sencillez? Sin embargo, vuelvo a conectarme con mis cables físicos y veo que soy tan poco sencilla que me suena a estupidez la finitud de nuestro encuentro. No espero bifurcaciones como las de mi mente, seria una locura pedirle a un hecho que se parezca a un pensamiento, pero si estoy expectante ante la posibilidad de una sorpresa volátil, de esas que duran menos que una pila barata pero que dejan de regalo el recuerdo de haber encontrado una sutil definición en el torrente del Indefinido.
Maite Pigini Rivas_abril 2008
“Siempre pienso que no pasamos de incipientes aprendices, eternos aspirantes en la Escuela de la existencia. Por más que la gente sepa y haya vivido, lo que le falta por aprender es inmenso; lo que le falta por asimilar es infinito, lo que le falta para integrarse es oceánico. La vida es una frase compleja y misteriosa, cuyo sentido profundo y total sólo captaremos a la hora de la muerte…”
(El Valor de las Pequeñas Cosas - Roque Schneider)


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