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Para no desaparecer...

Habría que desarmar los conceptos creados y manipulados, para desmitificar que no se encuentra en las cosas materiales y superficiales, los principios que buscamos cuando desandamos el camino, para poder disfrutar lo dulce y escupir lo agrio, en consecuencia de los besos perdidos, los sueños no cumplidos, las miradas esquivadas, las personas amontonadas, los teléfonos cambiados infinitamente, en busca de no se sabe que cosa, para matizar esas paredes que acompañan la huida de los santos, de los cielos infernales creados por alguien que dice ser dios, de mis días, de los tuyos, de los q todavía tiene fe, que nos vamos a tener que escapar a Marte a venus o a cualquier planeta para no desaparecer

(Tomado prestado x un ratito de Fede Lopez, http://hombreprecario.blogspot.com)


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Comentarios(2) »

  1. Guillermo — 25-05-2008 - 00:35:56 GMT 1

    Maite, gracias el comentario que me dejaste. Acepté la invitación de visitar tu blog y, sinceramente, estoy sorprendido y alucinado. Empecé a leer las últimas entradas, las poesías y me detuve especialmente en Megalomanía o el descubrimiento de la realidad. Impresionante. Esta es una respuesta inmediata a la lectura; merece una relectura y un planteo puntual de los puntos en los que disiento de la historia que hacés de la razón (seguramente leíste las ideas de Nietzsche en El origen de la tragedia griega, que por cierto me dieron ganas de releer también). Pero en cuanto a la conclusión que llegás, o al menos en la descripción de los estados por los que pasaste y la posición desde la cual te parás para ver el mundo: no sólo te entiendo y apruebo tus palabras, sino que además experimenté y experimento lo mismo. Me alucinó muchísimo ese texto y te repito que lo voy a releer y analizar con más detenimiento; pero antes de despedirme con un beso muy grande para vos, me detengo en este pequeño fragmento: “La cultura es ese reducto civilizatorio que concentra en sí la capacidad del sistema para refrenar el despliegue de la vida instintiva, permitiendo que la libertad de decisión quede ofuscada detrás de parámetros definitorios de un modelo de normalidad a seguir”.
    Yo creo que sí somos libres de elegir, al menos con esa dicotomía como parámetro. La decisión no es un terreno que le corresponda a los instintos. La decisión es producto mismo de la cultura y la razón. Considero que la razón no es más que una mera excusa, una gran bolsa de palabras y conceptos de los que nos servimos para justificar unos actos que por acción u omisión se desprenden directamente de lo pulsional y de lo instintivo. El acto de justificar es también una decisión, por ende, estamos en un círculo viciado en realidad, porque, como describís al comienzo (te debo un planteo puntual de mis discordancias) lo fuimos construyendo desde que el hombre es hombre. En suma: si bien la cultura y el contexto nos condicionan en la elección, son los que además permiten esa instancia y no sólo eso, sino que además la crean. Somos libres de elegir dentro de esa construcción que se llama cultura y nos define como humanos. También somos prisioneros de esa libertad.
    Maite, sinceramente, me alucinó ese texto.
    Guille

  2. mai — 27-05-2008 - 19:48:57 GMT 1

    Agradezco profundamente tu detenimiento en Megalomanía o el redescubrimiento de la realidad. Además de vos, sólo mi psicóloga se detuve detalladamente en él (un detalle para pensar). Como te expliqué, ese texto es producto de una vivencia profundamente subjetiva y fue escrito de modo radicalmente impulsivo. Hoy, pasado un tiempo, estoy de acuerdo con varios puntos que había planteado en ese entonces, y difiero con otros. Básicamente yo también creo en la posibilidad de múltiples construcciones libres en el contexto de la parafernalia obstaculizadora en la que estamos inmersos, construcciones que tienen un contenido racional junto con lo pulsional e instintivo. Por eso decía que “luchar por una existencia un poco más libre a cada paso es una tarea ardua y requiere previamente un alto sentido crítico”. La criticidad es fundamental a la hora de constituir a cada paso un actuar desaprendido de los condicionantes que nos constriñen, y eso creo que se relaciona con tu concepto de la decisión, pero ojo, hablamos de una decisión que se nutre de la cultura pero que también la revoluciona. Coincido con vos en que la Razón es un acopio discurso justificatorio de acciones cuya raíz es lo irracional, pero no creo que la conclusión deba ser sacar del altar a la Razón para erigir su antítesis, la pasión. Más bien debemos pensar en la instrumentalidad de ambas cuestiones, racionalizando las pasiones y apasionando la razón, en la medida en que sea posible dentro de las finitas posibilidades humanas. En fin, la Razón puede ser un poderoso instrumento de innovación a la hora de forjar nuevos vínculos humanos, pero debe combinarse con todo lo lúdico que va inmerso en la palabra pasión, para no caer presa de una falsa libertad. “Somos libres de elegir dentro de esa construcción que se llama cultura y nos define como humanos. También somos prisioneros de esa libertad”. Y esto me lleva a pensar en la cotidianeidad, donde permanentemente enarbolo la bandera del fluir instintivo tratando de construir instantes de libertad (individual y grupal), pero también donde muchas veces debo hacer reaparecer mi refreno racional para no herir mi sensibilidad ante las realidades putrefactas. Bueno, ya me enredé y no se si se entendió, me remito a “la revolución microscópica”. Saludos afectuosos. Mai =>

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